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  • 05:01 Saber demasiado de historia del arte arruinó la pintura para mi
  • 05:29 El trabajo de las mujeres que tanto admiraba no se valoraba igual que el de los titanes a mi alrededor
  • 07:40 Radicalizada por la segunda ola del feminismo
  • 08:38 Clase media blanca con formación artística
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  • 13:00 'Regrouping' no es un documental
  • 16:50 'Born in Flames': cuál es la naturaleza de la violencia?
  • 17:55 'Working Girls' es una cuestión sobre el trabajo
  • 20:20 Reflexiones sobre la mirada femenina
  • 25:10 Las mujeres en las películas de Lizzie Borden
  • 29:10 Películas inductivas y deductivas
  • 34:30 Después de 'Working Girls'
  • 35:25 'Born in Flames': todavía contemporánea
  • 48:20 'Born in Flames' en YouTube
  • 50:24 La televisión es el nuevo medio y las series son la nueva novela
  • 53:10 No hago documentales
12/06/2017 54' 22''

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Las películas de la directora y activista Lizzie Borden actúan como un revulsivo que incita a pensar sobre el pasado, el presente y el futuro del feminismo desde una particular manera de entender el proceso de creación y el lenguaje cinematográfico. Persiguiendo su sueño de ser pintora Borden se formó en el ámbito artístico. Fue en ese contexto, durante los primeros años setenta, donde se relacionó con la escena del arte conceptual norteamericano.

Sus conflictos con el discurso imperante liderado por Greenberg en torno al expresionismo abstracto la alejaron de la pintura, aunque se mantuvo fuertemente vinculada al mundo del arte a través de su trabajo como escritora de Artforum y de las relaciones personales que estableció con algunos artistas. El descubrimiento del cine de Jean-Luc Godard y de su forma de mezclar ensayo y narración en una misma expresión supuso para Lizzie Borden un cambio de rumbo en su carrera.

En 1976, armada con una cámara de 16 mm y rodeada de algunas de sus amigas y conocidas (entre las que se encontraban Joan Jonas, Barbara Kruger o Kathryn Bigelow) Borden rueda "Re-grouping". La película, creada en el contexto de la segunda ola del feminismo en EE.UU., reflexiona sobre la razón de ser y las condiciones de existencia de un grupo de mujeres en un mundo masculino. Haciendo uso de un lenguaje cinematográfico experimental de gran belleza, con desacomplejados fundidos en blanco, cortes abruptos en el montaje y un uso expresivo y poco convencional del sonido, el film estuvo literalmente guardado en un armario durante cuarenta años hasta que volvió a ver la luz recientemente.

Su segunda película, "Born in Flames" (1983), se enmarca en un discurso más radical y reflexiona sobre la realidad de colectivos de mujeres negras no heterosexuales y sobre la naturaleza del activismo y la violencia como revolución. Con un tono de ficción especulativa y utilizando estrategias propias del documental Borden trata la cuestión de las distopías en una ambientación afro-futurista. La película, un proyecto de cuatro años que la autora rodó en fases, según iba consiguiendo financiación, es un referente del activismo feminista.

En "Working Girls", su tercera película, rodada en 1986, la autora trata problemas de raza, clase y estereotipos en torno a las trabajadoras sexuales, y lo hace desde un punto de vista femenino desmitificado y alejado del voyeurismo y los prejuicios con los que habitualmente se trata la prostitución.

SON[I]A habla con Lizzie Borden sobre creación cinematográfica inductiva y deductiva, sobre rodar sin guión, sobre la importancia del montaje, sobre estilo, sobre el uso de las estrategias documentales en películas de ficción, sobre la distribución alternativa como forma de activismo, sobre la ausencia de representación de las mujeres en el ámbito cinematográfico y sobre su concepción de la televisión como futuro del audiovisual.

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Son[i]aLizzie Bordencine#8Mcine en el cubo blanco

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