22/06/2009 44' 22''

Catalán

Foto de Jordi Valls de Julian Hawkins, Londres

A cargo de Roc Jiménez de Cisneros

AVANT #8 repasa la trayectoria artística de Vagina Dentata Organ a través de este monográfico.

Jordi Valls estuvo en el lugar idóneo (Londres) y en el momento adecuado (los últimos años setenta) para presenciar una de esas transiciones casi imperceptibles que sólo resultan discernibles para un observador con cierta perspectiva histórica. El punk había aparecido sin previo aviso, gestado en las catacumbas del underground y a una distancia más que prudencial de las convenciones de la industria discográfica, pero en muy poco tiempo mutó, también de manera espontánea y sin ninguna estrategia, para convertirse en algo completamente diferente.

Aquel movimiento, que todavía hoy continúa encarnando el estandarte de la autogestión y la independencia, estallaba en mil pedazos dejando tras de sí un estereotipo perfectamente delimitado –casi de manual– de lo que tenía que ser el punk a partir de entonces, al mismo tiempo que daba lugar a varias sub-escenas que llevaban su germen contestatario, oscuro y destructivo un paso más allá. Una de estas metamorfosis desencadenó en eso que algunos de sus protagonistas denominaron "música industrial", un desarrollo que la historia ha retratado a menudo de manera maniquea pero que, especialmente en sus inicios, demostró ser un caldo de cultivo de enorme importancia para la subcultura occidental contemporánea.

Siendo un privilegiado espectador de primera fila de este nuevo anti-género que partía de la repetición mecánica, el ruido y el uso de la electrónica, al amparo del eslogan "Industrial Music for Industrial People", el joven Jordi Valls (exiliado durante décadas en la capital británica antes de regresar a Barcelona en 2008), habría podido sumarse a la creciente lista de nombres que emulaban el trabajo de formaciones como Throbbing Gristle, NON o Cabaret Voltaire. Lejos de eso, Valls prefirió distanciarse del pelotón con una propuesta que, todavía a día de hoy, resulta difícil de encasillar por su fuerte personalidad.

Vagina Dentata Organ nacía paralelamente a muchos de los grupos de la primera hornada industrial inglesa, pero ni la forma ni el concepto de sus trabajos sonoros y visuales permiten restringir su legado a una simple etiqueta cultural y temporal. Vagina Dentata Organ es el surrealismo de Breton, Dalí o Éluard, la tiniebla malsana de Bacon o los grotescos trípticos de Bosch, pasados por el tamiz post-punk. Una colección de retratos mórbidos de emociones humanas, instintos primordiales y violencia cultural construidos con objets trouvés audibles – grabaciones de campo en las cuales la única intervención evidente del artista es la propia elección del material.

Los temas son de lo más variado: tambores de la Semana Santa, aullidos de lobos, grabaciones de las últimas horas de la secta de Jim Jones en Guyana el año 78, el sonido de una moto Harley Davidson por las carreteras de l'Empordà. Pero todos ellos comparten una atracción por la cara más siniestra de la naturaleza humana, por la brutalidad subyacente de las relaciones sociales o las convenciones religiosas, por el componente oscuro y sanguinolento que se esconde en todas ellas, hilbanadas por las pequeñas obsesiones de Valls, el silencioso denominador común.

Pese a la postura radicalmente aséptica del autor (que para esta entrevista prefirió que hablaran de él amigos y conocidos), Vagina Dentata Organ ha sido durante años objeto de culto y coleccionismo alrededor del mundo. Sus particulares readymades editados en formato picture disc son ya iconos de la historia reciente del arte sonoro y la música experimental; un nombre y una trayectoria que son sinónimo de simbolismo provocativo, de la destrucción de tabúes a través de una narrativa impenetrable, y de la fascinación antropológica que repentinamente se convierte en perversión, borrando la línea que separa el documento del retrato visceral.

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