23/04/2010 25' 32''

A cargo de Roc Jiménez de Cisneros

"El lenguaje es vuestro instrumento científico más versátil. Aprended a usarlo con precisión". Esta máxima, que según George L. Trigg, presidía el aula principal de una facultad de química norteamericana durante la década de los 40, se podría entender igualmente como uno de los principios que sustentan la obra de John Baldessari (EEUU, 1931). Incluso en las piezas que no utilizan explícita y directamente la palabra como vehículo, Baldessari parte en la inmensa mayoría de sus trabajos de un minucioso tratamiento del lenguaje que diluye por completo la separación entre el campo semántico y la apariencia. A lo largo de su dilatada carrera, Baldessari ha incidido repetidas veces en su trato ecuánime de la palabra y la imagen, hasta el punto de ofuscar ambas categorías: "mi obra se puede interpretar como un escrito, analizando las imágenes por su valor sintáctico igual que lo haríamos con una frase". Su uso de la ambigüedad, al fin y al cabo un aspecto esencial e ineludible del acto comunicativo, resulta pues natural en una aproximación al arte que sugiere toda clase de juegos lingüísticos y meta-referenciales.

El acto de ocultar información al espectador y poner constantemente a prueba su percepción de la narrativa mediante pistas o retos es la fuerza motriz detrás del corpus artístico de Baldessari. Lo encontramos en las superficies de color que esconden con perspicacia fragmentos de fotografías, o en los juegos de asociación/disociación de sus yuxtaposiciones de fotogramas de películas. En ese sentido, el lenguaje cinematográfico es un elemento crucial en la dialéctica que propone Baldessari. No solo en la adopción de técnicas inherentes al cine como los trucos de discontinuidad del jump cut (aprendido de maestros como Méliès y Godard), o la propia noción de secuencia, materializada en decenas de montajes fotográficos que se alejan de la composición unitaria preponderante. El uso y perversión del poder comunicativo de la imagen es también consecuencia de varias décadas de imaginario cinematográfico colectivo: Baldessari aprovecha así el bagaje inconsciente del espectador para poner trampas, relacionar signos, cuestionar escenas familiares o señalar partes clave de una imagen –mental o visual– con el objetivo de generar nuevos estímulos en un continuo y elaborado double entendre.

La generación de Baldessari, la que desarrolla su obra en pleno fervor conceptual a partir de la década de los 60, está expuesta a innovaciones radicales en áreas tan diversas como la filosofía del lenguaje, la física, la lingüística cognitiva, la lógica o el estudio de las redes neuronales. Ese cúmulo de ideas se filtra inequívocamente en el trabajo de Baldessari y de otros artistas coetáneos, que abordan desde distintos medios muchos de esos nuevos argumentos suscitados por la academia. Sin ir más lejos, "Pure Beauty" (1966-68), la obra que da título a la retrospectiva en el MACBA, gira con elegancia entorno al concepto de qualia expuesto por Clarence Irving Lewis unas décadas antes. Los qualia se entienden como las cualidades subjetivas de las experiencias mentales. Dos ejemplos clásicos suelen ser la "rojez" de las cosas rojas, o lo "doloroso" del dolor. En la simplísima "Pure Beauty", un lienzo con esas mismas palabras pintadas en negro sobre fondo blanco, Baldessari trata de evocar (consciente de la imposibilidad de la tarea) una cualidad subjetiva como la belleza pura a partir de su correspondiente codificación sintáctica. Una declaración directa y aparentemente no ambigua, transformada en una imagen mental inalcanzable. Volviendo a la parábola inicial, el concienzudo análisis del hecho artístico que se infiere del trabajo de Baldessari como creador, pero también como teórico y educador, encaja a la perfección con la analogía del premio Nobel de física Niels Bohr, quien dijo que "cuando hablamos de átomos, solo podemos usar el lenguaje tal y como se utiliza en la poesía. El poeta no se preocupa tanto de describir hechos como de crear imágenes y establecer conexiones mentales". Y es precisamente ese manto de incertidumbre que recubre las composiciones de Baldessari lo que convierte lo cotidiano en singular, en una experiencia cognitiva emergente que huye de las visiones únicas.

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ESPECIALESJohn BaldessariDeseos y necesidades. Colección MACBA