05/02/2013 24' 19''

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Formada en la década de los setenta en UC Berkeley, en un contexto académico impulsado por el clima de cambio de los sesenta, en el que confluían el estructuralismo, la psicoanálisis, la semiótica y la teoría de los medios, Judith Barry (Columbus, 1954) desarrolló una práctica artística estrechamente vinculada a la investigación.

En sus piezas, con raíces en la performance y con múltiples vínculos a otras disciplinas, pero presentadas principalmente en formato de instalación, la teoría comparte protagonismo con la forma, que a menudo parte de una estrategia acumulativa. A través de estos juegos de superposición de ideas y de imágenes, Barry escenifica espacios ambivalentes que ponen de relieve las tensiones entre la frialdad conceptual y el impulso sensual.

Pese a la carencia de continuidad formal, que ella misma admite, no es difícil entender la producción de Barry como un todo, como una evolución coherente, gracias a la presencia de determinados conceptos recurrentes como el tratamiento del espacio (urbano, arquitectónico, personal), o el uso de la arquitectura como metáfora, que articulan buena parte de su trayectoria.

En una especie de extensión del pensamiento de Henri Lefebvre sobre la producción social del espacio, Barry utiliza con frecuencia la arquitectura como vehículo para hacer visibles convenciones políticas, económicas o de género. De este modo, tramas de relaciones sociales complejas y difíciles de representar se convierten en estructuras macrofísicas con las que el espectador se puede relacionar de manera casi intuitiva.

A menudo, en este proceso de reificación, el cine es una pieza clave: Barry se aprovecha del carácter casi universal del séptimo arte y de la familiaridad de su lenguaje para transmitir ideas, evocar sensaciones y cruzar los recuerdos y el bagaje del espectador con los estímulos visuales y sonoros de la pieza.

"Echo" (1986) y "In the Shadow of the City... Vam p r y" (1985), las dos obras de Barry en la Colección MACBA, son de hecho buenos ejemplos de una superposición de materiales audiovisuales que potencia la multiplicidad de lecturas común a todas sus instalaciones.

Las composiciones no lineales de Barry invitan al constante cambio de punto de vista, y el espectador se ve prácticamente empujado a un análisis crítico, a hacerse preguntas sobre su propia posición ante de la obra y sobre su sustrato conceptual y narrativo.

En esa densa niebla de analogías, iconografía popular, cultura cinematográfica y elementos formales tomados de la publicidad, Barry construye estructuras multiestables: juegos de perspectiva no visual si no más bien ideológica, donde casi nada es lo que parece, y donde la colisión de imágenes, sonidos, signos y símbolos es siempre susceptible de ser reinterpretada desde otro punto de vista.

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