29/02/2012 23' 24''

El final de la Segunda Guerra Mundial marcó tanto en Europa como en los Estados Unidos un punto de inflexión para la intelectualidad y el mundo del arte. La ruptura que proponían los movimientos de vanguardia de principios del siglo XX tomaba una dimensión y un significado todavía más real: el deseo de romper verdaderamente con media década de destrucción y pasar página en busca de nuevos lenguajes para las artes plásticas, performativas, la poesía, la arquitectura y la música. Josep Maria Mestres Quadreny (Manresa, 1929) es un caso paradigmático de este espíritu de renovación radical que recorrió el continente europeo a partir de los años cincuenta. Su proximidad con personalidades del arte catalán como Brossa, Tàpies, Miró, Prats y Villèlia deja bien claro un interés por el carácter transversal de la creación que sobrepasa con mucho los límites habituales.

De formación científico-técnica, Mestres destaca por una búsqueda de metodologías alternativas, de sistemas de composición y planteamientos estéticos que dejan atrás el dodecafonismo y el serialismo establecidos a mediados del siglo XX, integrando ideas próximas a la matemática, la física o la estadística en sus partituras. A diferencia de König o Xenakis, por ejemplo, la aproximación de Mestres a la aleatoriedad y los fenómenos naturales regidos por el azar se acerca más al trazo de Miró que a la estocástica pura. En su libro "Pensar i fer música", Mestres relata un descubrimiento interesante en relación con Miró y el azar:

"Un día, contemplando una litografía suya, me llamó la atención un grupo de manchitas que parecían haber sido lanzadas con una brocha. El conjunto producía una sensación inusualmente vibrante. Observándolas más de cerca comprobé que las había pintado una por una. Es decir, que había recreado una apariencia de azar de una forma artificiosa, el origen de la cual era probablemente una intervención del mismo azar, artificio que encontré muy sugestivo y que trasladado a la música consistiría en imitar un fenómeno de azar por procedimientos de azar, y modificar luego la apariencia manteniendo la estructura."

Casi a modo de declaración de principios, Mestres añade: "Cuanto más se aproxima la música a una expresión dirigida a la mente donde reside el mecanismo de las emociones estéticas, más siento la necesidad de prescindir de este componente visceral debido a su carácter redundante". La meticulosa recreación de procesos aleatorios que defiende Mestres sintetiza en el fondo una actitud hacia el arte que bebe tanto de su bagaje científico como humanista. Una propuesta cargada de dualismo en la que se encuentran la mirada ácida de Brossa con el interés por nuevas herramientas compositivas o el legado de Gerhard, a lo largo de numerosas piezas de música vocal, orquestral, electroacústica, de cámara, escénica y visual.

En la entrevista, Mestres Quadreny parte de varias obras de la Colección MACBA y sus correspondientes partituras gráficas para reconstruir fragmentos del contexto artístico de varias décadas y las conexiones con otros creadores.

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