03/02/2012 12' 42''

Catalán

Àngels Ribé (Barcelona, 1943) pertenece a una generación de artistas que inician su trayectoria a finales de los años sesenta, momento de profundos cambios políticos y sociales que repercuten directamente en la manera de concebir la práctica artística. La obra de arte abandona la categoría de ente estético autónomo que había ostentado durante la modernidad para abrirse a un proceso de desmaterialización y socialización que propicia nuevas relaciones con el espectador, la institución artística y el mercado.

En 1967 Àngels Ribé, asfixiada por el ambiente opresivo de la Barcelona de la época, se traslada a París para estudiar Sociología. Allí participó en los movimientos del Mayo del 68 y poco después empieza a trabajar en el taller del escultor Piotr Kowalski. Por aquel entonces ya tenía claro que la suya era una vocación artística. En 1969 presenta públicamente su primera instalación, "Laberint": un laberinto circular de plástico amarillo transparente, que convertía el espacio expositivo en escenario fluido de recorridos improvisados por los espectadores.

En la década de los setenta Ribé se traslada a Estados Unidos (Chicago y Nueva York) donde entra en contacto con una serie de espacios artísticos alternativos que se hacían eco de la actividad emergente del momento, y pronto empieza a exponer. Se consolidan entonces las esencias de una gramática artística que ya se había esbozado en la etapa parisina. La desenfatización del objeto se hace ahora evidente. Ribé ejecuta performances e instalaciones de carácter efímero que documenta poéticamente valiéndose de la fotografía. Su cuerpo se convierte en el principal articulador de acciones extremadamente meditadas en las que los elementos y procesos de la naturaleza adquieren un papel central. Se trata de una naturaleza a la que Ribé accede básicamente por dos vías: una más inmediata y sensorial, ligada a sus manifestaciones físicas –"Intersecció de llum", "Intersecció de pluja", "Intersecció d'onada", todas de 1969–, y otra más abstracta en la que la geometría actúa como principio vertebrador. El triángulo deviene aquí una forma fundacional primigenia que la artista utiliza en relación con su propia dimensión corporal, tal y como puede apreciarse en los trabajos de la serie 3 punts (realizados entre 1970 y 1973) o en "Invisible Geometry 3" (1973).

En la década de los ochenta Ribé regresa a España y recupera el interés por el carácter objetual de la obra de arte y por su materialización escultórica. Trabaja primero con hierro y -a partir del 2000– con neones que la conectan de nuevo con la incorporeidad de la luz y el espacio. En paralelo desarrolla obra gráfica y sobre papel.

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